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Cayo Lara: PCE e IU: orgullo de una izquierda soberana

Publicado el 11 de marzo de 2016 a las 00:00
Cayo Lara, durante una reciente manifestación | Cordon Press

Cayo Lara | El Congreso del Partido y la Asamblea de Izquierda Unida deben resolver algunos interrogantes sobre los que, no cabe duda, tenemos opiniones diversas por percepciones diferentes y sobre las que hay que hacer un debate y una síntesis para trabajar en una misma dirección, si es que somos unas organizaciones coherentes, cohesionadas, capaces de identificarnos en todos los territorios del Estado.

Conseguir la mayor y mejor organización y las mayores alianzas posibles para conquistar la confianza de una mayoría social trabajadora es un objetivo esencial para una fuerza política que quiere conquistar el poder legislativo y el gubernamental, para poder aplicar las políticas de acuerdo con el programa comprometido con las clases sociales que se pretenden representar.

En este sentido, quiero aprovechar esta oportunidad para exponer algunas reflexiones que pienso que están en la cabeza de mucha gente y que supongo formarán parte de los debates en estos cuatro meses.

Creo que está fuera de toda duda que el PCE e IU somos las fuerzas políticas que, con los matices que se quiera, más hemos combatido las políticas del bipartidismo en la calle y en las Instituciones. No ha habido movilización en la que no hayamos estado hombres o mujeres de IU y/o del PCE y hemos combatido como nadie la corrupción a lo largo y ancho del país. Seseña o la Comunidad Valenciana son símbolos de nuestra identidad y la querella Barcenas-PP ha llevado a los tribunales al partido que sustenta aún al Gobierno en funciones.

Venimos de lejos. De las huelgas generales y los piquetes informativos sobre los que, por cierto, hay que felicitar la absolución de los 8 trabajadores de AIRBUS que han mantenido una lucha heroica apoyados por sus sindicatos, partidos, asociaciones y la sociedad civil, frente a la petición de la fiscalía de 66 años de prisión por haber ejercido el derecho a la huelga frente a la reforma laboral del PSOE. Ha sido un éxito para toda la clase trabajadora del país y nuestros derechos.

Hemos estado en miles de manifestaciones y concentraciones convocadas por organizaciones sociales, por los sindicatos, en las mareas en defensa de los servicios públicos, en las marchas por la dignidad, en el 15M, en las manifestaciones por la República, con las causas palestina y saharaui, en las protestas por los derechos civiles, en las causas de los conflictos de muchos trabajadores con las empresas, en las protestas frente a las restricciones al aborto, en las luchas por la igualdad y frente a la violencia machista. En fin sería muy prolijo explicitarlo todo.

Hemos contribuido a abrir una brecha al bipartidismo forjando alianzas electorales que nos llevaron a quintuplicar los escaños en 2011 en las generales y a triplicarlos en las Europeas de 2014 con la Izquierda Plural.

Y hay que decirlo sin arrogancia pero con determinación. Hemos llevado todas esas luchas al Parlamento y a todas las instituciones en las que hemos tenido representación. Protesta y propuesta ha sido una constante de nuestras organizaciones.

Crecíamos en la intención de voto. Había un trasvase de confianza desde votantes tradicionales socialistas hacia nosotros. Y quienes opinan que somos una fuerza conformista con el 5, el 10, o 15% se equivocan. No conozco a nadie ni en IU ni en el PCE que no aspire a conseguir la mayoría suficiente para construir la sociedad socialista que soñamos. Y pienso que cuantos más años vivimos más deseo tenemos de conquistarla aunque solo sea porque nos gustaría dejar la herencia de una sociedad más justa, más democrática, más humana, más republicana para las generaciones futuras.

Pero las fuerzas del capitalismo también juegan y pienso que, como otras veces, el sistema no podía permanecer cruzado de brazos ante una fuerza como IU, con un Partido comunista en su seno, de gente con ideología y compromiso y curtidos en mil batallas que superara porcentajes del 10%. El poder tiene mucho poder y lo sabemos. Se pusieron alfombras de comunicación a otra fuerza que las aprovechaba convenientemente y que nos entraba por la izquierda para adelantarnos por la derecha. El fuego amigo también existe. Y hay que decir en honor a la verdad, que a esa fuerza la valoramos tras su resultado en las europeas como una fuerza amiga facilitándole su entrada en el grupo del GUE y solo recibimos de sus dirigentes una OPA hostil en toda su dimensión, calificativos de desprecio y oposición a forjar alianzas electorales en el Estado o negativas a facilitar un grupo parlamentario.

Es curioso que al igual que en 1.982 y 1.996, ha vuelto a producirse lo que llegamos a llamar “transfusión de sangre roja”. Curiosamente siempre por el cambio aunque con telones de fondo y actores diferentes. Mucha gente, hoy como ayer, no se ha dejado seducir por lares más cálidos.

Pero todo no fueron factores externos, nosotros ayudamos enrocados en problemas internos que empezaron en las europeas con la posterior dimisión de nuestro cabeza de lista y siguieron con la crisis de Madrid, en la que se juntó la tormenta perfecta. Solo transmitíamos a la sociedad acusaciones mutuas y conflicto. Alguna grabación con una intervención mía que se filtró a la prensa lamentando la confrontación reflejaba el momento. La gente no nos quiere ni nos necesita en la bronca sino en la movilización y en la propuesta. Eso es en lo único que nos reconocemos la mayoría de la gente de la organización.

Pero no se trata ni es posible en este breve artículo de hacer un análisis exhaustivo del por qué, y a pesar de las renovaciones más o menos útiles, llegamos a un 3,67% del voto, sin grupo parlamentario propio por vez primera desde la transición y con afiliados a IU en otro grupo Parlamentario. No hace falta que volvamos a insistir sobre el sistema electoral que nos sigue castigando tan injusta como severamente.

Tenemos que mirar al futuro, porque como bien recordáis que decía Marcelino Camacho, nos caemos y nos volvemos a levantar porque, y tal vez sea la ideología, la ética de la convicción como diría Maillo o saber que “siempre estamos en un tiempo nuevo” como diría Valderas, o sencillamente porque nos seguimos indignando ante cualquier injusticia cometida en cualquier parte del mundo como dijo el Che, no podemos permitirnos el lujo de tirar la toalla porque los espacios que se pierden para las clases trabajadoras los ocupan quienes nos quieren como simples mercancías.

En las Elecciones Generales y Europeas nos presentamos en la coalición de Izquierda Plural. En las municipales y autonómicas fuimos con marcas diversas y en las últimas generales como IU-Unidad Popular, con una marca decidida a dos meses del proceso electoral, cuando la profusión y cambios frecuentes de siglas confunden al electorado y es especialmente negativo para quienes no disponemos de recursos y medios de comunicación para publicitar nuestras marcas. Los viejos y los nuevos partidos saben eso. En mi opinión una organización o coalición que se presenta a elecciones tiene que tener un mensaje claro, una marca reconocida y sobre todo un proyecto de Estado que se reconozca perfectamente en cualquiera de los territorios. Y eso no es uniformidad, es coherencia de una fuerza que se identifica como Federal. Diluir el mensaje, devaluar o enaltecer la propia marca en función de la coyuntura, o no ser reconocibles como proyecto de Estado, nos debilita para pedir confianza a los ciudadanos.

Quienes estamos afiliados al PCE, a IU y a algunas organizaciones sociales o sindicales, deberíamos reflexionar sobre si hay que crear alguna nueva estructura más no vayamos a pasarnos la vida reuniéndonos de estructura en estructura y no estemos a la altura de las circunstancias del momento. Eso es en la movilización, en el conflicto y en la alternativa. De las 25.000 personas que estamos afiliadas a IU, la mayoría son personas independientes de partidos. Hasta ahora hemos convivido en una IU plural y diversa, hemos ido en coaliciones electorales con otras organizaciones y somos una organización reconocible y mucha gente sentimos el orgullo de militar en ella, teniendo al partido como referente histórico ideológico, con nuestros defectos y nuestras virtudes.

Creo que el debate no está entre lo viejo y lo nuevo, lo moderno o lo rancio, lo abierto o lo cerrado, el ahora o nunca, la sigla A o la sigla B. El debate está en si somos capaces, sin acusarnos de neocarrillistas ni de despreciar sistemáticamente a nuestra gente, de ponernos de acuerdo para continuar la línea que perdimos discutiendo si son galgos o son podencos, el tiempo de estar en las luchas, en las movilizaciones, elaborando iniciativas y alternativas a los problemas reales existentes para llevarlas a las instituciones y conseguir ganar hegemonía para hacerlas realidad.

Y siempre, creyéndonos de una vez por todas, que somos soberanos. Que no somos muleta de nadie, ni de partidos viejos ni de nuevos. Que es la correlación de fuerzas y los programas los que tienen que determinar las alianzas.

El debate es si somos capaces de entender que el problema no es de cambios generacionales. Que ese debate es falso y solo encubre temas de fondo. Que el debate es de ideas y que no se debe ni puede despreciar a nadie que defiende con honestidad su organización, a esa gente, que en su proyecto de vida, decidió un día comprometerse en la causa del PCE y/o de IU.

El debate es si vamos a ser capaces de no acentuar ni pregonar nuestros errores, porque los tienen los que no son de nuestra cuerda o de aplaudir solo los aciertos “si son de los nuestros”. Que la fraternidad hay que aplicarla, no solo predicarla y los problemas se resuelven en lo interno con dialogo y respeto.

El debate es si vamos a conseguir reconstruir unidad en el interno, convivir y compartir causa con toda la gente nacida al calor de las luchas sociales y con las organizaciones que quieren conformar con nosotros y nosotras un proyecto que no puede morir porque sigue naciendo cada día. Un proyecto de la izquierda.

Buen Congreso y buena Asamblea. La clase trabajadora los necesita. Los necesitamos porque no queremos perder la esperanza.

Fuente: Mundo Obrero

Nota: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de laRepublica.es

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